MESA 9. LA PERSUASIÓN DE LAS ÉLITES

Esta mesa pretende ser el reverso de la titulada «Conflicto político y emociones». Aquí, en lugar de destacar las emociones como forma de agencia de los individuos y grupos subordinados, se busca elucidar cómo los agentes superiores en una relación jerárquica han empleado las emociones, a lo largo de los tiempos, para asegurar y perpetuar su liderazgo. O, en otras palabras y, siguiendo a William Reddy, que hayan consolidado su propio régimen emocional, a partir del control de todo el proceso de significación discursiva de las emociones (aproximadamente individuales o, al menos atomizadas, en cuanto que preconscientes) como emotives (más colectivos), para movilizar estos, constituyendo dicho régimen

Un proceso en que es capital detectar y comprender el funcionamiento de los medios de esos cauces que, a su vez, pueden ser, para el poder, las propias emociones y sus estribaciones antes apuntadas. Instrumentos como los mismos medios de comunicación, pero también todos aquellos aparatos culturales, de sistemas de significación o presupuestos del mundo que median en su representación, mediante los cuales los sujetos dirigentes han conseguido hegemonía. Esto es, que han logrado no sólo dominar en cuanto que vencer, sino también convencer, elaborar un cierto grado de consenso con los subordinados sin el cual difícilmente podría persistir el régimen emocional hegemónico, combinando la perspectiva antes citada con las de teóricos de la comunicación como Noam Chomsky, o aquellos otros de raíz más gramsciana, como Raymond Williams o Richard Hoggart. Si bien, y al igual que en la anterior mesa, estas son sólo algunas propuestas teórico-metodológicas. Puede emplearse cualquier otra, y desde cualquier disciplina histórica, siempre que sirva al análisis de cómo y en qué medida lo emocional contribuye a que los agentes imperantes gobiernen, pero no se impongan simplemente, a los subalternos.